1.8.13

Confesión.

Recuerdo la primera vez que te metiste en mi cama,
la segunda no la veo,
la tercera y la cuarta desordenadas,
la quinta prometimos no volver a hacerlo,
la sexta y la séptima se nos fue de las manos,
la octava aún no ha llegado,
no importa el número,
ni el orden,
ni la manera,
solo el sabor de tu lengua,
el tic-tac de tus caderas,
la forma en que me besas.

Y ahí pusimos un punto.

Pero tus labios persistían en el recuerdo de los míos,
y decidimos cortar cadenas sin sacarnos la soga del cuello,
y enquistar el llanto,
renunciar a la felicidad por comodidad.

Nos aficionamos a coleccionar lágrimas secas,
a mantener todos los puntos en suspense,
a creer que como broma de mal gusto, la vida está muy bien.

Y olvidamos que vivir mata,
que las circunstancias no son eternas,
las mentiras tampoco,
y la eternidad no dura para siempre.

La libertad y el ser humano parecen no entenderse entre ellas,
cualquier cosa es imposible si somos esclavos del miedo,
si no podemos tener amor,
tendremos odio,
y no habrá nada que hacer,
solo relamer las heridas a la espera que algún día dejen de supurar,
eso y distancia.

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